Relacionandome con la fantasía

diumenge, 1 de febrer del 2009


- El sábado entraron a la fortaleza, no te dijimos nada porque supimos que culparías a Cassy -Atho me miró con expectación mientras yo seguía hablando- siendo ella la que menos culpa tiene. La dejemos librar de su guardia, repetía incansablemente que estaba agotada y... bueno, la puerta quedó libre.

- ¿¡Que hicisteis qué!? -explotó, al borde de un ataque de nervios- la puerta jamás debe quedar libre, JA-MÁS. Les habéis dado vía libre! Methiss, los neófitos y los chamanes llevamos en conflicto desde que tengo consciencia y razón, y tu, vosotros, en un despiste les presentáis la carne echa y en plato. Fíjate en el castillo -dijo, mientras señalaba la fortaleza para que dirigiese mi vista hacia ella- arde, quema... Nadie del aquelarre había conseguido esto.

Observé con cierta culpa la escena. Filas incontables de hombres con túnicas negras dócilmente decoradas con motivos violeta avanzaban sin pausa por el puente y entraban por un portalón de hierro ahora casi inexistente a causa de las magulladuras y deformaciones que le habían causado al forzarla. Habíamos caído en su trampa, la gente del aquelarre aprovechó que Atho se había marchado al centro de Europa en busca de Zabeth ,su hermana, para hacernos creer que ellos también se marchaban y que, por lo tanto, quedaba en esta guerra de Oceanía la victoria para nosotros.

Las paredes ardían con ansias, desde la estructura de madera hasta los ladrillos, uno a uno, que iban cayendo al suelo mientras se transformaban en piedras negras, cenizas de lo que habían sido en un pasado. Me aferré al cuerpo de Arthemis y le besé la nuca, él se estremeció ante el contacto de mis labios cálidos y yo recordé una vez más lo fría que podía llegar a ser su piel. Nada iba bien allá fuera, pero así, abrazada al ángel caído más bello y en mi propio mundo todo iba perfectamente, todo era ideal.